viernes, 29 de mayo de 2009

El Libro Egipcio de los Muertos y los diez mandamientos

El Libro de los Muertos, o Peri Em Heru "Libro para salir al día", es un texto funerario compuesto por un conjunto de fórmulas mágicas o sortilegios, rau, que ayudaban al difunto, en su estancia en la Duat (inframundo en la mitología egipcia), a superar el juicio de Osiris, y viajar al Aaru, según la Mitología egipcia.

Origen del título

El título "Libro de los Muertos" se debe a su primer editor y traductor, el egiptólogo alemán Karl Richard Lepsius, quien lo publicó en 1842 como Das Todtenbuch der Ägypter, aunque se dice también que el título procede del nombre que los profanadores de las tumbas dieron a los papiros con inscripciones que hallaron junto a las momias: Kitab al-Mayitun, en árabe, que significa "Libro del difunto". Los antiguos egipcios lo conocían como "Libro para salir al día".

Para los antiguos egipcios, la muerte era el inicio de una nueva vida en el Reino de los Muertos, un lugar lleno de peligros al que se llegaba tras salvar innumerables obstáculos, vencer a terribles y superar el juicio de Osiris. Como única ayuda contaban con un manual acorde a su poder adquisitivo y que les acompañaba en la tumba en forma de papiro.

Aunque los primeros papiros se remontan a la XI Dinastía, unos 2000 años a. de J.C., fue aproximadamente sobre el año 1250 a. de J.C. cuando el escriba Ani encargó un fastuoso papiro que, con sus cerca de 200 capítulos y casi 24 metros de longitud, se considera el más largo y completo de cuantos se han hallado.

Un conservador del Museo Británico Ernest Wallis Budge (quien en 1887, al poco de ser descubierto el precioso papiro, se hizo con él y lo llevó a Londres), se entretejen con la del texto religioso más antiguo del mundo. El que según muchos estudiosos llevó consigo Moisés en su huida de Egipto y sentó las bases de los Diez Mandamientos y buena parte del Antiguo Testamento.

Partiendo de la base de que la Biblia no es un texto funerario, ni una colección de sortilegios, como lo es el Libro egipcio de los Muertos, ni que ambos textos presentan una misma composición, ni derivan de una misma cultura y religión, no puede sostenerse una relación directa del Libro de los Muertos con la Biblia.

No obstante, no puede tampoco cuestionarse que el Libro de los Muertos tuvo un papel relevante en la cultura del antiguo Egipto, manteniendo su praxis durante el periodo coincidente con la composición del texto bíblico.
Toda vez que la Biblia es un texto heterogéneo donde se aprecian distintas influencias culturales en su composición (Egipto, Mesopotamia, etc.), no puede descartarse alguna vaga influencia del Libro de los Muertos sobre la Biblia, aunque sea a razón de un hito característico de la cultura egipcia que marco a las poblaciones vecinas, también politeístas y sujetas al dominio de Egipto.

Por consiguiente, este breve artículo únicamente pretende exponer algunos pequeños puntos que aparecen en el Libro Egipcio de los Muertos y que parecen también recogerse vagamente en la Biblia; lo cual, como antes ya mencioné, no significa en modo alguno que la Biblia contenga parte de esta obra egipcia o que ambas tengan una relación en sí, directa.
Comencemos pues con estos puntos:
Los Diez Mandamientos

En el capítulo CXXV del Libro de los Muertos (Papiro de Ani) se incluye una lista de juramentos para alcanzar la vida después de la muerte. Estas declaraciones juradas son confesiones negativas, que llevan implícito el mandato de los dioses egipcios a llevar una vida recta; algunas de estas confesiones se asemejan a mandamientos del decálogo israelita.

Libro de los Muertos

“En verdad, vine a ti y te traigo la Justicia y la Verdad. Por ti rechace la iniquidad”.
-“No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias”.
-“No cometí delito en el lugar de la Justicia y la Verdad”.
-“No conocí mal: No actué perversamente”.
-“Cada día trabajé más de lo que se me pedía”.
-“Mi nombre no llegó a la barca del príncipe”.
-“No desprecié a Dios”.
-“No causé aflicción, ni ejercí aflicción”.
-“No hice lo que Dios abomina”.
-“No hice que su amo obrara mal con su siervo”.
-“A nadie le hice sentir dolor”.
-“A ningún hombre hice llorar”.
-“No cometí homicidio; ni jamás ordene a nadie que matara por mí”.
-“No perjudique a la gente”.
-“No hurte lo ofrendado en los templos; ni robé las tortas de los dioses”.
-“No me llevé las ofrendas efectuadas a los bienaventurados difuntos”.
-“No forniqué, ni mancillé mi cuerpo”.
-“Ni acrecenté, ni disminuí las ofrendas debidas”.
-“No robé de los huertos; ni pisoteé los campos”.
-“No hice agregados al peso de la balanza; ni aligeré el peso de los platillos”.
-“No quité la leche de la boca del infante”.
-“No aparté el ganado de sus apacentaderos”.
-“No tendí trampas al ave acuática de los dioses”.
-“No pesqué peces con carnada de sus propios cuerpos”.
-“No hice regresar el agua en su marea alta”
-“No interrumpí el cauce del agua corriente”.
-“No extinguí la llama en su plenitud”.
-“No descuidé las estaciones para las ofrendas asignadas”.
-“No alejé el ganado separado para el sacrificio”.
-“No impedí las procesiones del dios.

Soy puro. Soy Puro”


Diez Mandamientos

-“No tendrás otros dioses delante de mí”.
-“No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas”.
-“No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos”.
-“No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano”.
-“ Acuérdate del séptimo día para santificarlo”. –“ Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo.
-“Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da”.
-“No matarás ”.
-“No cometerás adulterio”.
-“No robarás ”.
-“No darás falso testimonio contra tu prójimo”. –“No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.


Aunque aparezcan semejanzas con el Libro Egipcio de los Muertos, el decálogo israelita también está empañado de otros mandatos divinos no egipcios procedentes de Ebla, Ugarit y Canaán. Asimismo el decálogo contiene preceptos similares al código de Hammurabi que junto con tradiciones locales cananeas pudieron dar una primera forma a los Diez Mandamientos. Los eruditos bíblicos sostienen que las primeras fórmulas primitivas del decálogo (s.X-VIII a.C.) eran simples negativas (no matarás, no robarás, etc.), es decir, manifiestan además de prohibiciones, una distinción entre lo bueno y lo malo a los ojos de Dios, algo similar a las confesiones negativas que aparecen en el Libro Egipcio de los Muertos.
La balanza de Maat, el libro de Job y el libro de Daniel

El Libro Egipcio de los muertos contiene la escena del pesaje del corazón del difunto. El corazón emblema de la conciencia es pesado en la balanza y en el otro extremo es pesada la pluma emblema de la ley. Arriba doce dioses observadores están sentados sobre sus tronos: “Te ruego, oh tú que pesas lo justo, que guíes la balanza para que se estabilice”.

En el papiro del museo británico nº 9901, la diosa Maat está sentada en el centro del astil de la balanza. En otras versiones de esta obra, las dobles diosas Maat son representadas erguidas junto a la balanza observando el resultado del pesaje. También hay representaciones en donde la pluma es sustituida por la propia diosa Maat.

En otras versiones como la del papiro de Quenna, en vez de Maat, es anubis quien aparece en el astil y en otras variantes de la escena del pesaje del corazón, aparecen monos, el dios Horus, Osiris, Isis y Neftis. También aparece el dios Thot, y detrás de Thot el monstruo hembra Amam “el devorador” o Am-mit “el que come al difunto”.

La balanza fue una herramienta de uso común en el próximo oriente antiguo para pesar productos mercantiles junto con oro, plata, cobre, etc. La Biblia da mucha importancia al uso correcto de las balanzas:

Levítico 19:35-36:”No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida.Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto”.

Pero la Biblia no solamente hace referencias a la balanza como dispositivo para el pesaje de productos en las transacciones comerciales (Amos 8:5, Proverbios 16:11; 20-23, Isaías 46:4; Jeremías 32:10, etc.). En el libro de Job podemos leer el pesaje del hombre ante Dios de manera similar al Libro Egipcio de los Muertos:

Job 31:5-6: “Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño, péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad”

El contexto de este capítulo 31 es una confesión a modo de protesta, una defensa de la integridad de Job, exponiendo de forma paralela a las confesiones negativas del Libro Egipcio de los Muertos su inocencia y rectitud ante Dios a lo largo de su vida. Si volvemos a leer las confesiones negativas y el capítulo 31 del Libro de Job apreciaremos ciertas similitudes, tales como negar el engaño o la mentira, la iniquidad, el mal al prójimo, obrar contra el siervo, etc.

Esta obra está llena de complejidad, de hecho no hay consenso acerca de la fecha de su composición, tal vez pudo comenzar a redactarse en fecha postexílica, entorno al siglo VI-V a.C., pues es rico en lenguaje arameo, a la vez que contiene figuras que corresponden al periodo persa como “Satán”, sin embargo en su literatura aparece también un estilo de épica semítica más antigua (s.VIII a.C.), y paralelismos con la antigua literatura cananea, acadia, sumeria y egipcia. Así por ejemplo el Libro de Job tiene alguna similitud con la epopeya cananea de Keret, con “Las protestas del campesino elocuente”, un texto egipcio del siglo XXI a.C., o por último con el texto “El hombre y su Dios”, una tablilla sumeria del siglo XVIII a.C. La raíz del propio nombre “Job” (enemigo y penitente) ya aparece en textos de execración egipcios, en las cartas de Amarna, en Alalaj, en Mari, y en Ugarit.

Además, su autor anónimo, quien la tradición hebrea atribuye a Moisés, parece conocer distintas tradiciones orales mucho más antiguas al periodo persa, e incluso parece hubiera viajado a Egipto, pues además de los paralelismos con algunos textos egipcios, existe una alusión directa a Behemot (el hipopótamo del Nilo) para hacer referencia al país de Egipto:

(Job 40:15) “Mira ante ti a Behemot: él se alimenta de pasto como un buey”

Sin embargo el libro de Job no es el único de la Biblia que contiene el acto de pesar sobre la balanza al hombre frente a Dios. En el libro de Daniel, el profeta explica al rey Belsasar la visión que ha tenido, donde Dios recrimina al rey su deficiencia moral, su altivez, su falta de humillación y la profanación de objetos sagrados del Templo, profetizando por ello su caída a manos de los persas.
En esa declaración que Daniel hace al rey Belsasar podemos leer que al igual que en el Libro egipcio de los Muertos, la persona es pesada en una balanza ante Dios.

(Dn. 5:27) "Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto"

ADAN y EVA

El libro de los muertos es un texto fuente de un dilatado desarrollo cultural, siendo en si misma una obra dinámica, en el sentido de que además de haber distintas versiones, no hay un papiro que sea exactamente igual que otro. Para empezar, sus orígenes se remontan a los Textos de las Pirámides de la Dinastía V, para después enlazar con los Textos de los sarcófagos del Reino Medio y es a partir del imperio Nuevo cuando se le da la forma que hoy conocemos.

Al ser una guía que orienta al difunto, cada ejemplar contiene sus variaciones. Así por ejemplo un difunto que robó se excusa hábilmente ante los dioses, reconociendo que obró mal, pero que se arrepintió, queriendo devolver lo robado, sin tener tiempo para ello al sorprenderle la muerte. Entonces los dioses le premian permitiéndole ir al más allá.

En la antigüedad, un sabio era aquel hábil para responder delante del dios. En la Biblia no es así, sino que es sabio, aquel que se responsabiliza con aquello que responde. En la Biblia podemos apreciar dos ejemplos antagónicos: Por una lado en Génesis 3:11-12 podemos leer un diálogo entre Dios y Adán:

11.- “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”
12 .-“Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”.

En este diálogo, al igual que el difunto que contesta hábilmente ante el dios egipcio, Adán contesta a Yhavé eludiendo la pregunta sin responsabilizarse y sin embargo a diferencia del pensamiento egipcio, Dios lo castiga y expulsa del paraíso. ¿ Por qué?

En la antropología hebrea el hombre es visto como un ser compacto, sin partes. El hombre es como un libro unitario que puede verse de lado, de frente y por dentro. El hombre visto de frente es limitado, algo que se nos muestra en el Libro de Job y en el Libro de los Proverbios, mientras que a un hombre visto de lado le es perceptible su movimiento respiratorio. El movimiento de inspirar y espirar es personal e individual, no es delegable a otro, por lo que en el pensamiento judío cada persona es responsable de su propio respirar, de su propia vida, de sus propios actos.

En hebreo la palabra “Nephesh” (נפש) que significa “criatura que respira”, es el alma, su vida, refiere al ser humano como criatura viviente y responsable de sus propios hechos.
En la Biblia Dios da aliento a Adán y lo hace responsable de su vida. Es responsable aquel que es capaz de reconocer sus limitaciones (sus virtudes y faltas), desarrollando sus cualidades y controlando sus defectos.

Por último, en el mundo hebreo la persona al igual que un libro puede llegarse a conocer también por dentro. Conozco el interior de la persona cuando conozco su “Ruah” palabra hebrea (רוח) para designar “respiración, soplo, aliento, aire, viento o espíritu”.

Y habiendo Adán desobedecido a Dios elude su responsabilidad dando una respuesta que sería hábil para el mundo de los dioses egipcios, pero que en el pensamiento semita le condena.

Por otra parte un ejemplo contrario lo encontramos en el Libro segundo de Samuel. En este caso el rey David quien mantiene una relación con una mujer casada (Betsabé), para deshacerse del marido (Uría), le manda al frente donde es asesinado. Después se casa con la viuda y tienen un hijo.

(2 Samuel 11:27) “Y pasado el luto, envió David y recogióla á su casa: y fué ella su mujer, y parióle un hijo. Mas esto que David había hecho, fué desagradable á los ojos de Jehová”.

Aunque ello es mal visto por Dios, al igual que en el relato de Adán, Dios vuelve a hacer una pregunta, esta vez en palabras del profeta Nathán:

(2 Samuel 12:9) “¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uría Hetheo heriste á cuchillo, y tomaste por tu mujer á su mujer, y á él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón”.

(2 Samuel12:10) “Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Uría Hetheo para que fuese tu mujer”.

(2 Samuel 12:11) “Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré á tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres á la vista de este sol”.

(2 Samuel12:12) “Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol”.

(2 Samuel12:13) “Entonces dijo David á Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo á David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás”.

(2 Samuel12:14) “Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar á los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente”.

Y aquí David no contesta como Adán, sino que se responsabiliza y reconoce su pecado, por lo que Dios le perdona la vida.


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